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domingo, 22 de mayo de 2016

Con quererlo no basta

Ya que con quererlo no basta, me desintegro hoy.
Me desintegro para rearmarme mañana, cuando despierte de nuevo en el camino
Me desintegro para dar cuenta de mi pluralidad pegada con babas
Esa que se desintegra para integrarse de nuevo, como siempre.
Estoy más integrado que roto ¿Debería realmente estar roto frente al mundo? ¿Debería destrozarme de una vez?
Es que al contemplar el mundo frente a mí mismo no logro más que remendarme de nuevo, siempre a medias.
Vuelven las olas de embrutecimiento; más dentro, más dentro cada vez
Preparan el terreno fangoso en el que me hundo cada noche, sin esperarlo siempre
Siempre de improvisto, siempre creyendo en la singularidad del fango que me sepulta
¿No llevo casi media vuelta al sol hundiéndome, noche y día?


lunes, 11 de enero de 2016

Excurso II: Bowie


"(...) Y deseaba ardientemente llegar a viejo, pues siempre había creído que solo es verdaderamente grande y realmente digno de estima el artista a quien el destino ha concedido el privilegio de crear sus obras en todas las etapas de la vida humana" Thomas Mann







Las cosas difíciles de entender son por lo general aquellas que revelan lo realmente esencial en este oficio perpetuo de existir, pero que, por sí mismas, poco dejan entrever hasta que no se las vive, hasta que no se las goza, hasta que no se las sufre.


¿Qué quiere decir felicidad antes de haber dicho con el estómago revoloteando: soy feliz? 


¿Qué es la tristeza antes de haber sentido un torrente de lágrimas y sentires que perduran días, semanas, porciones significativas de tiempo?


¿Qué quiere decir amor antes de haber visto a través de los ojos de ese otro un universo entero, antes de haber sido desnudado con una mirada, con un gesto, con una sonrisa?



Antes de todo solo hay palabras: palabras que ansiosas buscan ser preñadas de significados vivos y palpitantes. Las palabras buscan siempre significar, y esa búsqueda de significado es lo que los paseantes del presente llamamos existencia. 



Hoy me perdí preguntándome sobre la muerte, sobre la ausencia, sobre el olvido. Y tal vez llego a la conclusión de que: a la muerte no la conozco, la he visto de lejos; la ausencia ha sido un ciclo al cual me he resistido inútilmente, ya que si hasta a veces estoy ausente para mis mismo, qué decir para los demás; y el olvido es siempre, mientras no tengamos certeza de dónde y cuándo termina el futuro, inevitable. 


Muerte, ausencia y olvido. Todas, de alguna manera, manifestaciones del no-ser. De la nada que eclipsa al algo; de la nada que, nunca lo sabremos, puede que sea solo una sombra, que sea algo y no exista en sí misma más allá de ser mero ocultamiento. Si la respuesta a la pregunta de ¿Por qué hay algo en vez de nada? Es: no hay nada porque nada es sombra, y por lo tanto sombra es algo… solo nos queda alumbrar las sombras, desocultar lo oculto y, si es el caso, des-alumbrar lo que resplandece. Por eso el olvido, al igual que el recuerdo, son opciones, son fenoménicamente experimentables.



Tal vez el esfuerzo del artista, de quien sublima, es salir al paso a esa sombra que es la nada, es tender puentes entre el algo y la nada, es ocultar lo que es obvio y alumbrar lo que estaba antes oculto. Se debate entre ser esto y ser lo otro, entre dejar de ser para llegar a ser.

Hoy una sombra te ha cubierto, David. Llámese como se llame: muerte, finitud, ausencia. Esa misma sombra que hoy te ha ocultado ha hecho que el juego de contrastes se altere de tal forma que, esta noche, resplandece aquello que antes estaba oculto, que antes no se vislumbraba. Entre esos fulgores está el sentido de tu arte y tu vida: del arte que es vida y la vida que es arte, de la vida hecha obra de arte y por lo tanto vivida de principio a fin cuál obra, que culmina para reiniciar en el mundo de lo eterno, le intemporal, lo que está más allá de nosotros que paseamos por la vida. Tu hoy terminaste este paseo y te fundiste en el horizonte con aquello que nos dejaste a quienes aún seguimos paseando en nuestro eterno presente.


Hoy, luego de vivirlo y sufrirlo, entiendo qué es David Bowie para mí. 

David fragmentos eternos de sonidos e imágenes, de amuletos que llevan historias de caminos recorridos, de fantasías deseadas y hechas realidad. Un día soleado y una amistad que nace es para mí ese fragmento llamado Oh! you pretty things; una sonrisa tímida y escapista en medio de un hostil despertar lleno de dificultades y preocupaciones es tu Starman; una mirada nostálgica, un cigarrillo dedicado al pasado y a quienes se van dejándome en mi soledad es un rock and roll suicide; un dulce momento de feliz aislamiento en mi cuarto es un sound and visión; un sentimiento místico de ser uno con el mundo y sentir la belleza misma es un Warsaza; unas ganas irrefrenables de los placeres mundanos de fiestas, noches interminables de embriaguez y diversiones de bares y discotecas o parques fríos de madrugada es un Whatch that man o un Diamond dogs; las nostalgias y sentires de la política que es arte y vida puesta en riesgo por crear posibilidades de otro mundo distintito son un We are the dead y un Rebel Rebel; los oscuros ánimos de decepción y desprecio por el mundo son un Station to station o un Cracked actor; los enamoramientos son un Soul love; el primer amor será siempre para un mi un The Prettiest Star; las búsquedas y los coqueteos fallidos serán un Drive in Saturday; las necesidades cambiar y seguir viviendo pese a ello serán un muy sentido Changes; los momentos de absoluta felicidad y gloria siempre serán un Heroes.

De ti me quedan muchas canciones, muchos fragmentos eternos; porque las canciones no son de uno, pero viven a través de uno que las escucha, que las lleva como amuletos y las ata a algún momento memorable de su propia vida.

Finalmente, a través lo que es David Bowie para mí, te dedico una última y única canción.






Adiós, David.



"I'm not a prophet or a stone age man 
Just a mortal with the potential of a superman 
I'm living on"


lunes, 14 de diciembre de 2015

EXCURSO I: AMOR, MÚLTIPLICIDAD. NO OLVIDAR LO BELLO DE LO INGENUO

Hoy, ante las circunstancias y los aconteceres imprevistos he decir, a riesgo de sonar patético o apático, que no soy yo sino que somos muchos. Y que esos muchos no perdemos la alegría del rostro pese a nuestras tristezas. Que pareciese que el acto de ser y estar fuese a cada momento, durante los últimos tres meses, una perpetua montaña que sufrir, que escalar. Desde que te fuiste, desde que me dijiste adiós esta maraña de certidumbres se vino al suelo. Si es que lees esto, sabré que aún me guardas en tu recuerdo, si es que nunca lo lees, no importa, tengo una certeza de que aún estoy en ti de alguna forma, tal y como tu estás en mi de formas que solo descubrí cuando me encontré sin un vínculo material a ti. Solamente no quiero nunca llegar a  creer que todo es tan mecánico, que la magia del amor es simplemente ilusión, que las relaciones son como las migraciones de aves: mismas rutas, mismos gestos, mismos ires y mismos venires; solo cambia el tiempo y el par de entes. -Sí, solo pienso en pares, en dualidades,  este es el amor que me enseñaron a enunciar; luego aprendí en un libro que más de dos entes y el amor se convierte en fraternidad-

Qué decir, decir que me siento desencantado con la vida, que no logro encontrar una salida a esta cárcel que yo mismo me he labrado, que me duele no tenerte cerca. Temo, temo mucho, estoy aterrado. Pero, si lees esto has de saber que aún te espero. Te ruego me busques. Te abrí como nunca a nadie las puertas de lo que soy y siento que para no perderme de mí mismo debo sentirte, es tonto pero no puede ser de otra manera. No sé si estoy vacío, la última vez que en eso pensé escribí de corrido 1015 palabras de tristeza, ira y desazón. Dejo un fragmento de ellas aquí, sin intención de justificarme, simplemente lo dejo para dar cuenta de que no soy yo sino que somos muchos. Alguno de estos muchos escribió esto, en un tiempo y espacio pasados.

 Antes de dar paso a esas tristes palabras color azul, me forjaré un recordatorio mágico, legaré un recordatorio a los unos múltiples Diegos que en el mañana pasen sus ojos por estas letras. Ojalá siempre me den la razón, futuros yo.

Para no olvidar que si regresa el amor, pese a este dolor tan grande que hoy sientes, en este preciso momento, te pido que  nunca digas no. Amar es dar lo que no se tiene, esa debe ser tu máxima. Dar, dar en la felicidad, en la tristeza, en la rabia, en la derrota, no dejar de dar pese a todo, pese a uno mismo. Dar. No olvides dar, nunca lo hagas. Prométeme, Diego, nunca desconfiarás de ese sentir humano y mágico que es el amor. Si lo sientes de nuevo, y si vienen las dudas, las descofianzas, las heridas que nunca terminan de sanar, simplemente recuerda: Nada más digno que dar, que amar a quien se ama más allá del amor mismo, más allá de uno mismo. Recuerdalo. Sonrisas, abrazos, embriones de calor humano, lágrimas sin medida, carcajadas sin medida, confianza desinteresada, esperanza proyectada al infinito, la realidad hecha un sueño. Que el amor sea siempre para tí la realidad hecha un dulce, bello, perfecto y humano sueño. Un lago onírico en medio del desierto de lo real. Que inevitablemente despertarás y será doloroso, no lo dudes. ¿Pero qué es el sufrimiento frente a la realidad embellecida con el manto del sueño? Esa realidad donde todo es posible, donde solo importan dos seres frente al resto del universo.

Querer fijar el devenir del ser es absurdo, pero esto de arriba es sagrado porque es aquello que para mi significa el amor hoy. Y lo lego, ya sea para que se lo lleve el inevitable devenir de lo que seré; ya sea para que se convierta en una máxima ética; ya sea para que sea un lindo recordatorio de tiempos mejores, peores, al fin de cuentas pasados.


Y ahora, las letras azules escritas por uno de nosotros. Perdona que sean azules, y perdona que estén llenas de ira. Pero, no puedo negar mi humanidad. En este momento no pienso así, pero la tristeza que ahí está contenida, continua.


...

(...)
No importa nada, no importo yo, no importa mi vida, no importa lo que haga o deje de hacer. Solo importas tú, me he abandonado, he abandonarme. He de estar destinado a caminar solo y solitario, vacío y temeroso por este mundo. No busco la compasión de nadie, no me importa nada. Solo me importa poder leer esto alguna vez y saber que era impulso, que no era verdad. Sin embargo sé que así no será, sé que pasaran los días, las semanas, los meses y los años. Me encontraré de nuevo con estas letras y nada habrá cambiado, nada…. Ya estoy viejo, ya moriré así, ya no vendrá juventud, transformación, cambio. El mismo cretino, el mismo soliloquio, monologo, bonito pero indeseable, hermoso pero como simple externalidad.

No valgo absolutamente nada. Espero sobrevivirme a mí mismo estos meses, estos años. Me siento solitario y estúpido. No creo que lo que haga cambie algo… no quiero despertar mañana, no quiero afrontar otro día como cada uno de los días que he tenido que vivir.
Me odio y me amo profundamente. Soy un egoísta reprimido y un reprimido egoísta. Una negación de todo y una afirmación de nada. Soy yo, mi nombre, mi rostro, mis gestos, mis faltas, mis vacíos. Soy esta asquerosa colcha de retrasos: vidas, años, miedos. Soy nada, nunca seré nada, nunca lo he sido. No he significado nada para nadie ni nunca significaré algo. SIPLEMENTE HE DE DEJARME IR, ABANDONARME…. CERRAR LOS OJOS Y ESPERAR  ABRIRLOS POCAS VECES EN UN FUTURO… Y QUE VENGA EL DÍA EN QUE DEPSERTAR NO SEA NECESARIO

ADIOS, ADIOS, ADIOS. VETE DUERME, MUERETE, MUERTE MUERETE. Olvídate.. Olvídate.. Olvídate… Imbécil, estúpido, çç

Te odio. Te aborrezco, te tengo miedo, también compasión…. No sé qué eres ni porque soy tú y tú eres yo. No lo sé. Pero así es.  Y así ha de ser


No soporto esto.

domingo, 24 de mayo de 2015

REFLEXIÓN VITAL SOBRE EL AHORA

Llegó una pregunta a mí el otro día. No sé si fue lanzada desde el universo y cayó justo sobre mi cabeza, o si se incrustó hace una  década en mi conciencia floreciendo, repentinamente, hace un par de días, justo al anochecer.

¿Qué es lo que realmente debo hacer?

Yo solo pude afirmar con miedo: no lo sé, no sé qué es lo que realmente debo hacer.
 Sin embargo, de entre la oscuridad de una pregunta que se queda sin respuesta nació otra que, indudablemente, sí encontró en mí algo, tal vez no una respuesta pero al menos una reflexión.

 ¿Quiénes realmente viven?

¿Serán acaso aquellos que viven de anhelos, esos quienes, como sombras enrarecidas,  se proyectan sobre el  mañana y entregan todas sus energías y lo que son a la consumación de tan opaco ideal? No será aquello demasiado fácil, entregarse al futuro y sonreír pese a lo vacío y nulo del horizonte, sonreír con la confianza empeñada en la nada. Eso es querer llegar a ser la sombra de lo que se es, siempre proyectándose, nunca existiendo.  

 No es eso lo que me tranquiliza ahora.

Quienes realmente viven no lo hacen en función del mañana, del mañana muerto que aún no ha siquiera nacido.

El mañana está muerto porque no existe todavía, no comprenderlo es cargar un muerto a las espaldas. Quienes viven en función del mañana cargan un  cadáver y además se pierden hipnotizados mirando sus ojos huecos; es por eso también que están mitad muertos, como las sombras, pues aunque existen, no existen por sí mismas. Yo, por mi parte, pienso que  lo único que tengo es el ahora, sin evasiones, sin máscaras, sin atavíos. El absoluto presente. Aquellos que sienten, viven, saborean, rumean el presente tal vez son los realmente vivientes, no quienes se proyectan constantemente hacia el mañana, que no están en el presente sino por un modesto e hipócrita tránsito necesario y vacío hacia el futuro. Están pero no están; medio vivos porque caminan, medio muertos porque no sienten. Afrontar ¡Afrontar es la palabra!; cargar y afrontar el ahora como venga, a la brava,  sin medida. Eso es estar vivo, aceptar lo absoluto e innegable del presente encarnado en lo más profundo del universo; el acá y el ahora como extremidades sensibles, conductoras de dolor, placer, vida y muerte. Sentimientos profundos e innegables.

Lo que único  que tuve y tengo es el ahora, también es lo único que tendré, incluso lo último que tendré.

Mañana, no existes. Vivir para ti es vivir para la nada;  es estar siempre contemplando tu horizonte invisible siendo insensible al mundo que palpita debajo de los pies. 

No saber lo que realmente debo hacer, guardando silencio frente a las preguntas del mañana, puede que sea una señal de estar viviendo realmente.

ENCUENTRO (ESCRITO en 2011)


Quisiera que no fueras una realidad distante,
No quiero idealizarte, no mereces tener esa ascética aura de perfección, tú eres mejor, imperfecta, humana y real,
Quisiera conocerte, quisiera saber tus defectos y huir de una vez por todas de tu recuerdo, de  tu idea, tomarte de la mano,
Injusto que tan solo seas recuerdo, impulso neuronal, desazón imaginaria que se perpetua a cada latido, a cada parpadeo.
Por favor ayúdame a asesinarte, muere diáfana e impecable, idea perfecta, sueño sabor miel,
Tu sangre se cuela en forma de lágrimas entre mis ojos que te ven y al mismo tiempo sienten tu calor
Puedo percibir, tus manos, tu pelo, tus brazos, me abrazas, renaciste,
No he de imaginarte nunca más.
Ahora estas más viva que nunca.



CLAP (ESCRITO en 2012)

De tanto sorber la crema, de tanto lamer mi helado, ¿Sabías?, disfruto de combinar lo blanco con lo pardo, lo cremoso con las texturas de la mora, dulce, morada y llena de trozos de fruta. Aquellas vibraciones ofuscadas, tras bambalinas, una deliciosa  línea de bajo, un clapoteo, como ayer en la tarde Me di cuenta que al caminar el clap que producen nuestros zapatos al golpear el suelo, es simultaneo; un clapoteo bajo el talón, al mismo tiempo, otro en la punta del zapato. Ahora bien, no sé si me es difícil hilvanar algo cordial, algo formal. Estoy triste y deseo dejar de parecer un loco, ¿Sabes?

INSTRUCCIONES OBSOLETAS PARA NO LLORAR EN PUBLICO. (ESCRITO en 2012)

Camina, sonríe, saluda, y si es necesario besa; conversa, pon mucha atención, se cordial, despídete y recuerda, no olvides besar de nuevo; regresa a casa, aliméntate, diviértete, ríe, duerme bien; cuando sueñes, remienda tu traje, llénalo parches mágicos y atavíos, edulcora tu rostro, píntale una sonrisa golosa, una mirada vivaz. No permitas, espíritu mío, que te vean sin tu embeleco; no dejes expuesto tu cuerpo famélico, tu mirada lánguida, tus ojos tristes; olvida por unas cuantas horas que eres un cadáver errante, un ánima fuera de sí. 


PERFUMES RUIDOSOS (ESCRITO en 2012)

Durante este fin de semana que muere, inmerso en la que creo es la única vicisitud de monotonías que me es posible presenciar –así creo es mi forma de existir- me he topado de nuevo con el bichito de la conciencia y la reflexión, puras ensoñaciones. Esto anterior tiende a suceder  cuando me obsesiono, obsesión que por lo general obedece a cierto sentimiento de desazón o depresión —Detesto tal palabra—; vivir, pienso yo, lo que es igual a seguir el flujo y reflujo del aburrimiento. Pero he de admitir que algunas veces da lo mismo, espabilar o anquilosar. 
Oigo, por cuestiones que me son inherentes,  gente parlotear sobre lo que creo son  simples fruslerías. No obstante, supongo que de algún modo inconsciente me interesaron y les presté atención, es por eso que las recuerdo bastante bien, creo; es por eso que me dispongo (O QUIZAS NO) a mal-escribirlas. Quiero aclarar, antes que nada, que en este preciso instante, acá con la garganta hecha trizas por algún tipo de molesto virus, viendo en la pantalla el discurrir de una noche más de sábado, la cual es, por algún tipo de acepción general, una noche para desinhibirse y disfrutar del néctar del ocio; más para mí es amarillenta y ensimismada; perfecta para deambular como zombi por mi cuarto, mirar sus fotos y pensar en lo raro que sería vomitar mi alma, si es que existe tal cosa, o por lo menos vomitar sueños, expectativas y demás idilios malsanos, zambullirme en el charco que de ellos está hecho, es un agua turbia, fría y llena de capas delgadas de hielo color ártico, un azul claro, como el firmamento a las siete de la mañana (… ) Quería aclarar que siento que el lenguaje tiene una naturaleza escurridiza, me ronda la molesta idea de que al momento de leer esto, quien quiera que lo haga, no verá más que un montón de líneas inconexas, copadas de laxos hilos que forman una maraña de hechos sin un orden lógico. Si yo digo pared sucia, —y que quede claro que es pura paranoia mía— usted pensará en cualquier tapia de algún lugar X; mientras que en lo que yo realmente pensaba al momento de escribir dicha frase era en las machas negras de mi gato blanco, o en las manchas blancas de mi gato negro; cliché, pero es imposible saberlo (…) El lenguaje es cómo un algodón de azúcar, una vez en tu boca piensas que es sólido, concreto, palpable; luego, en un pequeñísimo instante, se deforma, se funde, se esfuma (…) 
Y sosegado me encontraba luego de haber abandonado aquella silla, en el bus. El tipo que junto a mí se encontraba me producía mucha ansiedad, la misma que sentía cuando de niño, antes de ser reprendido por el Oso, se me erizaban los bellos de la espalda y me estremecía; el Oso estaba a punto de gruñir y golpearme con lo abrupto de su regaño… ¡PUTO ESCARMIENTO! (...) El tipo del yeso en la mano —Sí, ese mismo que me olía a ansiedad—  desprendía un humus que inspiraba expectativa, cierto temor a ser herido, golpeado; es ese mismo que sentimos cuando en medio de la noche nos topamos de frente con dos sombras, que a medida que avanzan hacia nosotros, mirándose la una a la otra, gesticulando aparente conspiración, hurgan en sus bolsillos, ¡UN PUÑAL¡, ojalá fuese un revolver, si me chuzan y no me matan, me joden; si me matan, no importa (….) “¡ Le rindió muchísimo!”, dijo el cuchito de acento provinciano, sentado en la silla del frente “Sí, se vino por Honda y ya llegó”, agregó. Pensé en que nunca había ido a Honda, pensé en que mamá osa me dijo, en medio de sus palabrerías, que cierta vez que fue a Honda, cuando aún era joven. Vomitó sin parar, “Es que esa carretera es horrible, curvas y más curvas; lo peor de todo es el calor de los infiernos que hace en ese pueblo”   
Avanzaba el bus, ensimismado observaba a través de la ventana vibrante, ignoraba lo molesto que sería buscar aquella dirección, tener que perderte de ti mismo, todo por una maldita nota (…) Iba por el centro de la ciudad, crucé frente a un edificio azul, creo; en su fachada se leía “bulevar de San Facon”; “debió haber sido interesante vivir aquí en los setentas”, pensé (…)   De regreso a “casa”, con la cara perlada, producto del sudor de la fiebre ,me senté junto a una chica; antes de hacerlo, al momento de abordar el bus, tuve oportunidad de hacerme junto a alguna de las tres chicas sentadas, una en cada silla, todas al lado de a la ventana. Me senté junto a una sobre quien, de manera extraña, pensé me recordaba una de esas agradables estadías en el mundo onírico; ella,  la de las fotos…   
Y sentía la necesidad de salir del sopor acompañado de secreciones intestinas, esas que se sienten tanto cuando se está atiborrado y en movimiento (….) Recuerdo que pensé, al momento de pasar frente a la loma iluminada —Ciudad Bolívar— que sería tentador sacudir la tierra y ver como calles, casas, osos, postes y demás se desmoronan sobre el vació (…. )Y avanzaba por el vericueto barrio; trochas, polvo y cláxones; más y más mierda (…)  Tenía el plato de comida frente a mí, mientras deglutía la carne me pregunte “¿No es la comida mierda en potencia?”, ahora que lo vuelvo a pensar, todo es mierda en potencia (…) Disfrutar el silencio, eso me trajo a la mente cierto  molesto comercial de perfumes; (…) Me sentiría mejor en este momento si, en vez continuar guardando silencio, le hubiera dicho a  aquel mono, ¿Es que hay que estar trabado para disfrutar del silencio?. Es difícil guardar silencio algunas veces; palabras que no sirven para ni mierda, palabras innecesarias (…)

miércoles, 18 de julio de 2012

Muerte por inercia – ¿Por qué lo llaman suicido?-



Es insoportable vivir con miedo. Es frustrante no poder soltar palabra alguna. Es triste querer decir algo que se petrifica en la lengua, sentimientos que no eclosionan, que no vuelan hacia las conciencias circundantes

Tremendamente decaído me encuentro hoy, tengo ganas de llorar, más ende el vacío, tan solo se deslizan, sin ímpetu alguno, mis lágrimas ya muertas, sin destinatario; misivas de dolor y  nihil,  todas dirigidas hacia  dimensiones áridas ; por entre maniquís de mármol, lo insulso de la compañía familiar, todos cadáveres impenetrables y secos.

Llegado a este paroxismo del ánima, no encuentro espera en nada, absolutamente nada. Todo son recordatorios, todo son tentaciones de lacerante fulgor, el ímpetu de sobrellevar la existencia muere y renace, sinuoso. No obstante, la noche, siempre alienada, es testigo privilegiado de mí obcecada cruzada masoquista: Enamorarme obstinadamente, obsesionarme desabridamente, anquilosarme en una vigilia sin sentido. Todo esto es, al fin de cuentas, una obnubilación mental, un estupor degenerante.

Tensas y frágiles están en mi las riendas de la razón: El amor las fuerza hasta límites desconocidos; más por desgracia, simultáneamente, este mismo amor las congela y se cristaliza sobre ellas, en formas de hielo, ego-hielo; mi frío, triaste y taciturno yo. Riendas muy tensas, riendas demasiado frías. Una vez rotas, allende del yugo, la muerte por inercia. ¿Suicido?



"Walk in silence, 
Don't turn away, in silence. 
Your confusion, 
My illusion, 
Worn like a mask of self-hate, 
Confronts and then dies. 
Don't walk away."
Posted by Picasa

martes, 10 de julio de 2012


—Monólogo— Psicosis

—Avanzamos, tú y yo; bus. Cuando el día empieza, no quieres vivir, ¡Ya no más! —

 Aun no eres tú mismo; observa cómo te miran, como notan el humus de tu alienación;
¿O será que aun sigues paranoico?
Tal vez, tan solo sea paranoia tuya. Aquella mujer a tu lado no te mira, no está asustada, ni está incomoda, no lo está, chico.
Tienes la boca seca; el cerebro flotando, derritiéndose, y, a ratos, mientras ruedas, congelándose.

—Y yo que pensaba que sería una discontinuidad en mi vida; yo que pensaba que no sería más un idiota. —

— Odio no poder hablar, y odio mi voz, y odio mi rostro, y odio cuando río, odio esta cara, odio nada menos yo—

—Pero, ¿Acaso las noches son tan largas? ¡Qué hace que pase por el centro! ¡Qué hace qué eran las tres de la tarde! ¡Qué hace que vi la feliz miseria! —

—Bien lo recuerdo, olía mucho a cuando tenía doce años. Olía a sorpresa, olía a esperanza, olía a novedad; debo aceptar que el viaje no fue como esperaba; contrario a esto fue una total mierda, una roma y fulgente reminiscencia de mi Yo desde mi Ello. O sea, algo como muchas luces de neón alrededor de mi cuerpo gritando ¡He ahí un idiota, sin voz y sin ideas, he ahí un osco personaje, tan silencioso como solitario y triste!—

—Ahora me resigno a pensar, diciéndome a mí mismo mientras llega la vigilia, en el sopor de las sabanas y el ruidoso entorno que por alguna odiosa coincidencia me vino en parte. —

 — ¡Por qué soy una persona tan imbécil! Ya nada tiene sentido, este viaje no hizo sino poner más en manifiesto mis miedos; tan solo logró atenuarlos momentáneamente, me regaló una pasada por los olores menos monótonos de antaño, cuando la vida tenía significado y sentido. Por lo demás, aquella experiencia fue una puta mierda, fue una catarsis regresiva, dolorosa y cerrada, un bucle de dolor. Por un lapso, luego de alucinar y antes de regresar a mi anquilosada nostalgia, me sentí como antes de conocer la psicosis, la soledad, y el idiota amor—

Felicidad edulcorada en cenizas de THC.

                                                  "I'm Happy, Hope You're Happy Too" 

lunes, 19 de marzo de 2012

Soplo de hojas


…Y, de repente, pensó en rememorar aquellos tiempos que no eran tiempos, un carrusel ya enmarañado de tanto repetir su luctuoso recorrido. Cobijado por una lejanía insondable, absorto en la contemplación de aquellos parias que, al igual que el, dormitaban sobre la frontera, más allá del olvido.
Incapaz siquiera de estremecerse con el soplo del cierzo, el crujir de las ramas o el frio omnipresente.
Impávido ante tan vívido espectáculo, su alma cristalizada e insensible.
 —Hay que estar muerto, hasta enterrado, para no inmutarse ante tanta belleza—
Consiente estaba de encontrarse en aquellos limites, sumergido entre un nebuloso éter, fulgente y radiante, con la cabeza fija en el horizonte y el cuerpo atomizado entre hojas y semillas, arrulladas, levantadas, arrojadas de un soplo hasta donde termina vivir y comienza olvido.
—Aun en la tristeza me sentía vivo, sentía el escozor que producía en mis heridas, sentía sus insoslayables improntas sobre mi alma, ahora estoy más muerto que nunca— 

 

sábado, 25 de febrero de 2012

Sofisma a la mierda

Ensalzados, todos y cada uno, en la mezcla primera, unívoca y universal. Vida  a la Muerte, Amor al Odio, “Perfección” a la susodicha Mierda — lo único que nos hermana—
La omnipresente rubrica de vivir “Sed buenos con vuestros padres”, “No seáis codiciosos”, “No seáis avaros”, “No seáis orgullosos” ¡Al carajo pienso yo! ¿Quien, o quienes, de aquellos que practican tal prosaica, rimbombante, superior y —en sus propias palabras— verdadera moral, verdadero actuar, lo hacen por lo que, en sí misma, vale su forma de vida, de proceder?  el protocolo cliché, la danza inmaculada, el ideal estético. La familia que se ama, los niños en el parque, el padre que trabaja, la madre que cocina. Pienso, basado en un empirismo desaforado de recuerdos y una anorexia teórica típica de cualquier sofista, qué, no es posible actuar de forma correcta —O más bien, aceptada, o sea correcta— sin que, se esté bajo la inquisitiva mirada del genérico “los demás”. O díganme si no es cierto que Colombia es en realidad el país más feliz del mundo, conformado por hombres y mujeres —No mujeres y hombres— organizados en núcleos familiares igualitarios, en un territorio estatalizado —a cabalidad— en donde prima la legitimidad sobre la ley, en donde el hambre es, desde por lo menos nueve años atrás, un viejo fantasma. Aquí, en esta sociedad laica, cobijada por el manto equitativo de un patriotismo sin segregados ni enaltecidos, aquí donde se pone en práctica, o mejor, en dónde es totalmente común un amplio espectro moral, incluyente, aquí donde no hay maniqueísmos, ni políticos ni culturales. Donde somos tan civilizados, en donde entendemos la prístina equivalencia entre cultura y civilización, entre no matar toritos y comer pechuga  a la plancha, bistec o morcilla, aquí en dónde hablamos de vida sin muerte, de amor perpetuo, infinito, de política y ética —Ni siquiera moral, por fortuna— de patria sin genocidio, de colombianos sin tacha, aquí no existe la mierda, ni la putrefacta conciencia de absolutamente nada. Porque tras cada estúpida “Crítica” desbordada de humor barato, tras cada carcajada repleta de una auto-laceración genérica, tras cada Colombiano, aun tras del que se reconoce bufo y estúpido, está el hecho de que se siente, se ve, se identifica como “Colombiano”, tras este embeleco totalizante se encuentra un álter ego, la verdadera mierda que nos hermana, no solo a Colombianos, incluye  a toda nuestra raza maldita, a todos nosotros, humanoides simiocéntricos. No olvidemos, lo mejor de cada uno de nosotros es la mierda, y lo mejor de todos nosotros, la mierda. Lo mejor del universo, todo menos la mierda, todo menos el hombre.

lunes, 13 de febrero de 2012

Qué frío, cenizas

Cruza, con ímpetu de sobrevivencia,
El miedo en sus ojos, un efluvio de muerte.
Fugaz, me mira, ambos sabemos cómo acaba,
Son sus últimos instantes, paralizados, un reducto efímero,
Allí se pierde por un momento infinitamente eterno,
Todo él, un delgado hilo de existencia,
Tenso y al borde de su ruptura.
Tal como infinitas veces antes, llega
 Ineluctable, un golpe de muerte.
 —Animal necio—, piensan
—Raza maldita, ¡pendejos!—
Necio el hombre, rescoldo putrefacto,
Añorando las cenizas de un perro muerto.





Fuente (imágen): Louisa Giffard

martes, 7 de febrero de 2012

De sueños y Témporas.

Algunas veces, aquel chico, habiendo pasado tan pocas vicisitudes, se sentía, ya antes del último resquicio de conciencia, en témpora, sin estar seguro sobre, en qué momento, dejó su alma de irradiar sosiego. Constantemente, durante las últimas noches, se sentaba a esperar algo, de lo que ya no sabía nada, lo agobiaba una profunda ansiedad, es difícil cambiar seguridad por incertidumbre, esa que le producía su incipiente vigilia.

Siempre es bueno dejar de esperar, las grandes expectativas pueden, y ocurre la mayoría de las veces, sucumbir al tiempo, y además languidecer. Traigo esta pieza musical por dos razones.

Primero, para algunos doctos, sonará a herejía hablar de literatura y música —Esto, es sobre todo chocante si el género al que nos referimos es el rock, y especialmente el post-punk—   pero más allá, aun de lo  universal y de lo correcto, está el sentimiento puro, lo sublime, en este caso, acompañado de una percusión estruendosa que marca y gira en torno a un potente bajo, unos sonidos de la metrópolis olvidada—Manchester— un ascensor precipitándose al vacío, una puerta metálica, una voz triste, barítona, un arreglo electrónico —Muy a lo Kraftwerk— que pareciera, en ciertos tramos, hacer más siniestra esta excelsa y olvidada pieza.

 Segundo, y tal vez más inusual, el lenguaje oscuro, los versos llenos de desazón, sería arriesgado hablar de literatura, pero creo que, aun más de lo que yo pueda decir, ustedes juzgarán.

“Y qué mejor sosiego, dejar los sueños volar, descender y extraviarse.
¡Ya no importa en realidad!”

Joy Division/Insight. (1979)
Guess your dreams always end
They don't rise up, just descend
But I don't care anymore
I've lost the will to want more

I'm not afraid, not at all
I watch them all as they fall
But I remember
When we were young

Those with habits of waste
Their sense of style and good taste
Of making sure you were right
Hey, don't you know you were right?

I'm not afraid anymore
I keep my eyes on the door
But I remember

Tears of sadness for you
More upheaval for you
Reflects a moment in time
A special moment in time

Yeah, we wasted our time
We didn't really have time
But we remember
When we were young

And all God's angels beware
And all you judges beware
Sons of chance, take good care
For all the people not there

I'm not afraid anymore
I'm not afraid anymore
I'm not afraid anymore
Oh, I'm not afraid anymore  


lunes, 16 de enero de 2012

Desazón

He aquí algo que escribí hace ya un tiempo, producto de uno de esos días en los que, tal y como hoy, quería pararlo todo, congelarme y olvidar, aunque fuese por un irrisorio lapso, el hecho de que perdí el meollo de mi vida, esa esencia que muchos dan por hecha, esa que irradian  quienes, al momento de confrontar lo absurdo de su realidad dicen:  "Por algo estamos aquí, todos tenemos un propósito", presuponen una esencia innata a su existencia y viven tranquilos, ojalá yo pudiese retornar a ese estado, pero indudablemente he pasado el punto de no retorno, el umbral en donde el porvenir deja de ser para siempre — o  mejor, hasta que llegue el momento de finar — un horizonte escueto. 
Ahora en cambio, es para mí un escabroso valle, con picos nevados y un abismo, en el cual, al borde del despeñadero se encuentra aquel , yo, postrado, con el viento en el rostro, con la mirada perdida, esperando a ese alguien que no llega.

La corriente que se mueve, que viaja por las intimidades del espacio, por el espacio de las intimidades, espacio de vida, espacio de imágenes, olores, recuerdos, nostalgias. Música, aquella inefable que transporta ese algo indeterminado, cuando toca las puertas del ser, evoca en él la vida, en su mente eclosionan , como de lo profundo de la hondonada, las tristezas y las alegrías, las nostalgias, los amores, el otro, el anhelar insatisfecho, el anhelar de hastío.

En sus límites, en sus singularidades, cada melodía tiene espacios; son las variaciones espacios infinitos, y es en ellos donde desemboca el torrente de vida, torrentes distintos en melodías únicas.

El espacio que acogió mi desazón: